Duelo en tiempos de Coronavirus ¿Cómo afrontar una pérdida?

En estos días, muchas personas están falleciendo y/o fallecerán a causa del coronavirus, pero otras muchas lo harán por el curso natural de la vida. Si estás en duelo y has empezado a leer estas líneas, lo primero que quiero hacerte llegar es que desde Neurovilla sentimos muchos tu pérdida y esperamos que los siguientes apartados te ayuden a gestionar tu duelo desde el cuidado que requiere este momento.

 

 

La pérdida de un ser querido nos enfrenta a una de las experiencias más amargas de la existencia, se va una parte nuestra, y en sustitución nos queda un enorme vacío con el que tenemos que aprender a vivir.

Perder a alguien es una experiencia que necesita ser compartida, acompañada, sostenida por abrazos, miradas compasivas, palabras de cariño, respetuosos silencios,… Todo esto hace que no nos sintamos solos ante el dolor.

Sin embargo, el Estado de Alarma decretado y las exigencias sanitarias actuales, han limitado en gran medida las expresiones sociales (como velatorios, ceremonias religiosas o rituales familiares…), que validan el dolor y sentimiento de pérdida de la persona doliente y, por eso, dificultan la elaboración del duelo normalizado.

 

¿Qué es el duelo?

El duelo, es un proceso dinámico y cambiante de adaptación, que todos experimentamos ante la pérdida de alguien o algo querido. Es además, un proceso activo, donde la persona ha de resolver cuatro desafíos:

  • Aceptar la realidad de la pérdida
  • Sentir y elaborar el dolor y otras emociones
  • Adaptarse a los cambios de su entorno
  • Recolocar emocionalmente la pérdida y reanudar la propia vida.

En este proceso es habitual pasar por ciertas fases antes de llegar a adaptarse a la pérdida. Estas fases son:

  • Fase de Negación: Shock inicial, en la que la persona no acaba de creerse la nueva situación.
  • Fase de Miedo: temor e incertidumbre ante el futuro
  • Fase de Frustración: sentimientos de rabia, “¿Por qué a mi familiar?” “¿Por qué a mí?’” “¿Se podría haber evitado con medidas más drásticas?”
  • Fase de Duelo: tristeza normal al reconocer el cambio que supone la pérdida en nuestras vidas
  • Fase de aceptación: Ajuste de vida a nuevas metas, viviendo el presente; aceptando e integrando la pérdida de nuestro ser querido en nuestra biografía personal.

Estas fases no tienen por qué aparecer en este orden y el haber pasado por una de ellas previamente, no implica que no se pueda volver a experimentar en otro momento del proceso de duelo. Aunque sí es habitual que la última fase sea la de aceptación.

Es normal y frecuente que durante los primeros meses tras una pérdida significativa experimentemos:

  • Manifestaciones físicas como opresión en el pecho o garganta, vacío en el estómago, hipersensibilidad al ruido, falta de aire, debilidad y sequedad de boca.
  • Sentimientos: tristeza, enfado, culpa, ansiedad, fatiga, impotencia, shock, anhelo, alivio e insensibilidad.
  • Pensamientos: incredulidad, confusión, preocupación, sentido de presencia de la persona fallecida.
  • Conductas: trastorno del sueño, alimentarios, aislamiento, desorganización, soñar con la pérdida, evitar o frecuentar recuerdos, buscar al fallecido o llamarlo, suspirar, hiperactividad y llanto.

Es importante tener en cuenta que podemos manifestar estos pensamientos, sentimientos, sensaciones y conductas, para gestionarlos lo mejor posible.

 

Pautas de Autocuidado para personas en duelo

Algunas pautas que podemos tener en cuenta para autocuidarnos en estos momentos tan difíciles, aparecen en la siguiente imagen. Ponerlos en práctica pueden ayudarte a gestionar todo lo anterior.

 

 

Si necesitas ayuda para superar estos momentos difíciles no dudes en pedirla. Tus familiares, amigos y profesionales estamos aquí para hacerte este proceso lo más fácil y llevadero posible.

 

Algunas señales que indican la necesidad de pedir ayuda profesional son:
  • Mencionar la pérdida con dolor intenso pasados varios meses de la misma.
  • Algún acontecimiento desencadena una reacción excesiva.
  • Periodos de extrema tristeza o demasiado extensos, deseos de suicidio (a veces en fechas señaladas).
  • Episodios de conducta agresiva o conductas impulsivas, como abuso de sustancias.
  • Objetos de vinculación muy marcados o lo contrario, esconder o deshacerse de todos los objetos recordatorios.
  • Imposibilidad de incorporarse al funcionamiento vital pasadas unas semanas de la muerte.
  • Compulsión de imitar al fallecido o presencia de los mismos síntomas que tenía al morir. Obsesión por la enfermedad y la muerte.
  • No haber expresado abiertamente dolor en las primeras semanas de duelo o haber realizado cambios radicales de estilo de vida.
  • Pensamientos recurrentes de culpa o asuntos pendientes con el fallecido, remordimientos por haberle causado daño o haberle descuidado en vida.
  • No asistir o no realizar ningún rito de despedida de la persona fallecida (funeral,…) o nunca haber vuelto a mencionar al ser que desapareció.

Ante estas señales, o simplemente si consideras necesario hablar con una persona ajena a tu entorno social habitual, el equipo de psicólogas de Neurovilla podemos ayudarte en estos duros momentos.

 

Gema Ruiz Moreno

Psicóloga de Neurovilla. CM02341

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